El coeficiente intelectual es sólo un dato más

A las personas mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle.

-Antoine De Saint Exupery

Mi primera confrontación con las pruebas que miden el cociente/coeficiente intelectual (CI) fue cuando tenía aproximadamente 8 años. Mientras el psicólogo amigo de mi papá me hacía una serie de preguntas extrañas y me ponía a acomodar cubos rojos con blanco tal y como lo indicaban las tarjetas de la 1 a la 7 u 8, Martina Navratilova y Jimmy Connors ganaban el torneo de Wimbledon, Italia ganaba el mundial en Madrid, E.T. Rompía récords de taquilla y “Eye of the Tiger” de Survivor se convertía en el sencillo número uno… mientras en mí buscaban un número que medía mi inteligencia, cosas absolutamente ingeniosas y alejadas de ese número sucedían en el mundo.

Una vez terminadas las sesiones de evaluación y entregado el reporte, mis padres se sentaron a discutir conmigo el tema de mi inteligencia. Yo recuerdo esas pláticas sentada en el antecomedor de la casa poniendo más atención a la bugambilia del jardín, al pájaro que buscaba comida y al caracol pegado a la ventana que a lo que decían mis padres. Hablaron de algún número extraño y de estar por arriba del promedio. Si eso tenía algún significado para ellos, para mí lo más importante era ir a ver E.T. al cine después de que mis hermanas me convencieran de que no era una película de terror o salir a recoger bugambilias del piso para hacer ‘sopa de jitomate’.

Ser un genio, no está necesariamente relacionado con el número de CI que uno obtiene en una serie de pruebas. Ese número misterioso lo conocen sólo algunos y eso sucede únicamente si acudimos con un experto para que descubra si somos un 100 o un 70 o -quizás- un 130 ó más. Si pensamos en Beethoven o en Mozart, no pensamos en un número de CI, más bien cerramos los ojos e invocamos sus obras maestras. Si Einstein es quien viene a su cabeza cuando escuchan la palabra ‘genio’, los números que aparecen en sus mentes son seguramente los relacionados con la EMC y no con el ya tan famoso pero misterioso CI.

La necesidad de los seres humanos de medirlo todo y a todo darle un número surge a partir de la pérdida de la capacidad para sorprenderse una vez que entran en la etapa adulta. Me comentan unos padres de familia: ‘Quizá sea muy bueno tocando el piano, pero en la escuela le está yendo pésimo.’ O el caso contrario: ‘Saca puros dieces pero en la casa está apático y desmotivado.’ No importa si el CI de ambos casos es de 130+, hay algo que no está funcionando dentro de su contexto, es decir, sus papás no están contentos y -ellos- no saben si son de chocolate, de vainilla o napolitano.

Si como adultos nos dejamos sorprender de vez en vez y nos dedicamos más a observar y a convivir con nuestros hijos, con los niños de nuestra comunidad, de nuestras escuelas, de nuestro entorno; a ver qué hacen, cómo lo hacen, para qué lo hacen o qué no hacen y por qué no lo hacen; y pasamos menos tiempo siendo fieles devotos a los números que arrojan las calificaciones, las pruebas psicométricas o los kilómetros del coche, estoy segura que descubriríamos un ‘inexplicable’ grupo de talentos y habilidades un tanto mágicas que nos llevarían a buscar alternativas de vida tanto para nosotros como adultos como para los pequeños y jóvenes.

Así es como se sabe si un niño o niña es o no sobresaliente. Se observa, se habla con él o ella, se le escucha, se juega y se compenetra en su mundo, se vuelve uno cómplice de ellos. El número de CI es sólo un dato que lo compara en ciertas (muy pocas) áreas intelectuales; sin embargo, es un número que no mide su capacidad creativa, inventiva, imaginativa, un número que no dice si será campeón goleador de algún mundial o el dueño de una empresa con el logotipo de una manzana mordida ni un director de cine que escribe películas sobre extraterrestres.

Aquel número que salió en aquellas pruebas que me hicieron ya hace varios años, está empolvado en un archivero en el consultorio de mi papá. En cambio, mis letras, mis caminos recorridos y las invaluables (e innumerables) experiencias que he tenido con cada uno de mis niños y adolescentes (los hago míos, no lo puedo evitar), aquí están tal y como están los gustos, los momentos, los dibujos, las fotos… la vida de cada uno de ellos.

Bien lo decía Antoine en El Principito, “…a las personas mayores les gustan las cifras… solamente con esos detalles [numéricos] creen conocerle.”

Mtra. Ingrid Dallal Fratz

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There are 16 Comments

  1. Posted by Sylvia Responder

    Es tan extraño que siempre relacionan el ser sobresaliente con el CI. Me encantó este texto, desde la maravillosa frase con el que lo empiezas.

    Me parece tan importante erradicar esa concepción que tanto llevan los padres adentro de que se necesita ese indicador para saber si son sobresalientes.

    Yo creo que todos los niños lo pueden ser si son valorados y encauzados al mismo tiempo que se les dé libertad.

    • Posted by Ingennios Illuminare Responder

      Así es Sylvia, aprendimos a que el ser sobresaliente se relaciona directamente con tener un CI alto, cuando estudios recientes han comprobado una y otra vez que no es así. El problema es que como son con humanos y no son estadísticas perfectas, la gente no lo quiere creer. En fin, en Ingennios hacemos la lucha para que esto cambie, no por la etiqueta del sobresaliente, sino porque el desarrollar talentos es un beneficio tanto individual como social.

  2. Posted by b. Responder

    Creo que este es de mis textos favoritos en Ingennios.
    Ojalá aprendiéramos a dejar de querer medirlo todo, etiquetarlo todo. Y a atrevernos a conocer de verdad a las personas. Ojalá…

  3. Posted by Ale Responder

    Me encantó esta nueva perspectiva. Me enamoró la forma de exponerla y me remontó a los añejos consultorios de frías miradas y sonrisas complacientes, pero también revivió el desierto, los planetas, la rosa y los globos… Maravillosos.
    ¡Gracias Ingennios!

    • Posted by Ingennios Illuminare Responder

      Humanos somos, ¿cierto? Si bien los números son una herramienta, ningún humano es un número fijo y estático. Ojalá y fuera nueva, Ale, quizás para muchos sí es una perspectiva novedosa y espero que la tomen en cuenta.

  4. Posted by Akiresan Responder

    Magno post!! Claramente te imagino!!
    Ménnndigo número que te persiguió en tu infancia, qué bueno que lograste escaparte y cerrarle la puerta.
    Lo que se ve de ti es que eres maravillosa, tremendamente creativa, innovadora y con un gran corazón, eso definitivamente no se descifra ni se determina con un simple número.

    • Posted by Ingennios Illuminare Responder

      Pues no creas Akiresan, no me persiguió como me persiguieron quizás las calificaciones. Mi papá lo mencionó por académico que es. De hecho ellos decían que puros dieces era algo aburrido. Son cosas que aprendemos de los demás y lo hacemos inconscientemente. Lo importante aquí es destacar que hay cosas mucho más relevantes que las calificaciones o el número que arroja una o varias pruebas. Gracias por leer y comentar.

  5. Posted by Grisell Espinosa Responder

    Me encanto, aclaro dudas que tenía sobre como educar a mi hija.

    Gracias por compartir tus conocimientos , que en mi caso dejan una luz que se va haciendo cada vez mas fuerte para entender y saber educar a mi hija.

    Saludos

    • Posted by Ingennios Illuminare Responder

      Gracias a ti Grisell por el apoyo constante.

      Gracias Toni, por creer.

      Abrazo a ambas.

  6. Posted by Toni Davalos Responder

    Excelente! me encanto y no sabes como me ayuda, te lo agradezco mucho.
    Un abrazo

  7. Posted by claudia Responder

    Por fin halle a alguien que no clasifica a los niños por ese famoso CI. Me encantó tu punto de vista, sobre todo porque refleja lo humanitario en tu texto. Mi hijo tiene 120 puntos de CI y eso que? Pero para las ACs que trabajan en “apoyar” a niños con capacidades especiales, necesita un 130 para ingresar a su selecto grupo y poder orientarme. Que tontería!

    • Posted by Ingennios Illuminare Responder

      Gracias Claudia, somos seres humanos con necesidades diferentes todos y cada uno. Todos aprendemos de todos. Saludos.

  8. Posted by Arturo Khampa Responder

    En base a pruebas aplicadas, fui etiquetado como niño hiperactivo y otras cosas, y perdi la cuenta de cuantos regaños por haber desarmado los radios y televisores de bublos, mis padres, en su momento no sabian de que se trataba, para ellos solo fui un niño inquieto y muy travieso… no me mandaron con especialistas y segui con regaños ( tal vez en su interior sabian que no estaba “loco”, como para mandarme al psicologo) … ahora, trabajo con niños sobresalientes intelectuales y concuerdo totalmente con que el Ci no lo es todo, ademas, de que una aceleracion no debe basarse en gran porcentaje en ello, definitivamente hay varios factores mas que tomar en cuenta, saludos y me gusto el articulo.

    • Posted by Ingennios Illuminare Responder

      Gracias por contarnos tu experiencia Arturo. Una más en donde hay muchos otros factores que debemos tomar en cuenta. Saludos.

  9. Posted by tándem Responder

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