Esta soy yo – Ingrid Dallal Fratz

Lo recuerdo bien, fue hace poco más de un año y -por fin- me atreví a renunciar a todo. Estaba harta de todo y de todos. El sistema educativo en México, los papás, los niños. Estaba cansada, realmente cansada.

Llevaba meses -si no es que años- queriendo probar algo nuevo. Dejar todo eso que todos decían que era “lo mío” y aventurarme en lo distinto. Probarme a mí misma que mis habilidades y mis conocimientos no sólo servían para una cosa.

Renuncié a trabajar con pequeños, papás, escuelas… puse en pausa todo aquello que tuviera que ver con educación y decidí buscar un trabajo de oficina. Me parecía fácil ir a trabajar de 9 a 6 y, al salir, dejar todo en la oficina y dedicarme a mí.

Conseguí trabajo en una empresa que tiene varias concesionarias de automóviles. El área de recursos humanos era muy pobre y querían mejorarla. Es para eso que me contrataron. Lo “único” que le preocupaba al director era que una persona que se dedica a la educación es una persona de vocación y él estaba seguro que yo volvería a ella en algún momento. Yo le juré que no, que si esto funcionaba, yo me quedaba en la vida corporativa por muchos años.

Encontré lo que estaba buscando. Un puesto de directivo, ir a trabajar de 9 a 6, salir y olvidar el trabajo en la oficina. Pero a los 6 meses -por muchas razones- desistí. No se trata de eso. Al menos no para mí. Extrañaba mis espacios creativos, los colores, embarrarme de pintura y las sonrisas de los niños. Extrañaba el olor a Resistol, las tijeras y las historias fantásticas que cada ser humano ofrece. Extrañaba mi magia… Volví.

Hace una hora terminé una sesión de trabajo con uno de los casos más difíciles que he tenido. Me caché observando a mi niño, viendo la nubecita de pensamiento arriba de su cabeza, entendiendo y conectando información, el brillo de sus ojos cuando hace conciencia de su aprendizaje, cuando se da cuenta de lo mucho que puede explorar y encontrar en un espacio tan pequeño y rodeado de paredes pero lleno de estímulos y momentos preparados sólo para él. Me caché sonriendo ante la felicidad de un niño que lo único que quiere es seguir creciendo, seguir entendiendo, seguir descubriendo.

No. No trabajo de 9 a 6 ni abandono el trabajo al “salir” de la oficina. Constantemente sueño con mis niños y pienso en qué sigue y qué hay que inventar para que ellos sigan siendo felices a través de su propia historia. En el súper, en el mercado, en el centro comercial o en el cine pienso en ellos. Pero el trabajo no es trabajo, es un estilo de vida que me apasiona y amo profundamente, es mi cotidianeidad, mi espacio y lo que soy. Sí. Esta soy yo.

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